Entrevist’ARTE

Como una forma de profundizar en la cuestión de si las nuevas tecnologías de la comunicación en la era digital potencian o no la capacidad de influencia del arte en la sociedad como herramienta de expresión de los valores democráticos, se realizó una serie de entrevistas a diferentes artistas uruguayos. Cuatro músicos (Sergio Fernández, Florencia Núñez, Carlos Sánchez y Nicolás Arnicho) y cuatro artistas plásticos (Vladimir Muhvich, Fernando Oliveri, Alejandro Pasek y Pedro Peralta) de diferentes edades dieron así su opinión y reflexión sobre la situación del arte hoy en día en su país y en el mundo dentro de la nueva sociedad de la información, comparando el contexto hiperconectado actual de la manifestación artística con el pasado. A continuación se muestran las preguntas realizadas a los entrevistados:

  • ¿Cómo definirías “El Arte”?
  • ¿Qué opinión tenés sobre el arte uruguayo hoy en día en comparación con el pasado?
  • ¿Qué alcance pensás que tiene el arte como herramienta de expresión en movilizaciones sociales y políticas? ¿Cómo pensás que las nuevas tecnologías digitales de la comunicación influyen en este alcance?
  • ¿Cómo describirías la brecha entre la era digital y la era analógica en el entorno de tu actividad artística?
  • ¿La revolución digital es una transición entre dos épocas? ¿Internet es una revolución tecnológica y social o un cambio instrumental operativo?
  • ¿Qué postura tenés sobre la nueva problemática sobre los derechos de autor en una sociedad hiperconectada dentro de la nueva era digital? ¿Se te ocurre alguna solución a esta problemática?
  • ¿Crees que las nuevas tecnologías de la comunicación facilitan el aprendizaje y la distribución de las diferentes artes? ¿En qué forma crees que esto afecta a la cultura artística de las generaciones futuras?
  • ¿Qué peso consideras que tiene el arte hoy en día como institución? ¿Crees que las Instituciones Artísticas han perdido peso en favor del arte individualizado? ¿Cómo crees que esto afecta a la profesión de artista?
  • En este contexto de nueva era digital, hay quienes consideran que la democracia se ve favorecida mientras que otros hayan que se corre el riesgo de una pérdida de soberanía. Para unos las nuevas tecnologías significan una mayor libertad y capacidad de participación social, para otros significan el peligro de volverse “técnológico dependientes”. ¿Qué opinas al respecto y cómo posicionarías al arte en este contexto? ¿Hacen las nuevas tecnologías al arte más democrático?

Los artistas dieron diferentes opiniones sobre lo que cada cual consideraba que significaba el arte y de dónde provenía su importancia social: Para Alejandro Pasek, esta importancia se debe a que el arte funciona según el momento socio-histórico en el que se produce; para Fernando Oliveri es el arte el que permite a las personas el vincularse entre sí, y, de una forma similar, Sergio Fernández considera que el arte habla de una situación que nuca es individual y Carlos Sánchez asocia al arte con la religión. Por otra parte, Pedro Peralta, Vladimir Muhvich y Nicolás Arnicho perciben al arte como una forma de acercamiento al conocimiento de la verdad histórica del mundo. Todos coinciden entonces en el vínculo existente entre el arte, los vínculos interpersonales y la historia de la sociedad humana.

Con respecto a la relación del arte inscrito en la era digital con el arte propio de la era analógica, Carlos Sánchez considera que estamos viviendo hoy en día en un mundo en el que los medios nos impulsan constantemente a expresar nuestra individualidad y hacer notoria nuestra voluntad. Las identidades se interconectan a través de las redes y se nos da la sensación de tener poder de participación en todos los asuntos. El pensador Dominique Wolton considera que esta sensación de conexión que nos dan las nuevas tecnologías no es más que una ilusión, ya que a final de cuentas cada cual está inmerso en una burbuja individualista, en un círculo de intereses que se cierra sobre sí mismo, perdiéndose así el mensaje generalista. En este sentido, Dominique Wolton considera que las nuevas tecnologías no enriquecen a la democracia, sino que la empobrecen al segmentar a las personas y hacer que en las ciudades se pierda el sentido de comunidad. Como veremos más adelante, esta pérdida del mensaje generalista que antes daban los medios masivos como la televisión y la radio, en nuestra opinión no es del todo negativa en lo que a democracia se refiere. Por su lado, Florencia Núñez, al ser entrevistada específicamente sobre las posibilidades del arte en la era digital como forma de expresión de los valores democráticos, considera que en las redes las decisiones sobre qué arte consumir se vuelven siempre estrategias de alguien más, las redes segmentando a la sociedad según los gustos y afinidades particulares de cada cuál. Se acerca entonces su opinión a la de Wolton, que sostiene que la utopía hoy es política y no técnica: las nuevas tecnologías podrán a mejorar la comunicación, pero esto no asegura una mejor planificación y organización política. Nicolás Arnicho respecto a esto dice en su entrevista,  refiriéndose al sistema educativo, que las nuevas técnicas tienen la potencialidad de agilizar y enriquecer la educación, pero que la técnica no sustituye a un proyecto educativo impulsado desde las instituciones del Estado.

Wolton tampoco considera a Internet un medio de comunicación (por ende tampoco de transmisión, en términos de Régis Debray), sino de expresión, y, em este sentido, el arte en la red sería un medio de expresión artística. No necesariamente el expresar significa comunicar. El músico Carlos Sánchez es partidario de esta idea y considera que el arte en sí mismo no es comunicación a menos que se le agregue la manifestación de un sentimiento o pensamiento social. En cambio Florencia Núñez halla que la música es reflejo de la sociedad y Vladimir Muhvich considera que hoy en día utilizando herramientas digitales se puede lograr influir desde el arte, lo que nos recuerda a fenómenos como las manifestaciones de Banksy o la sinfonía coordinada a través de redes en la manifestación Nuit Débout. Para Muhvich las herramientas tradicionales del arte no logran incidir social y políticamente como antes; hoy el arte incide con el intermediario de las grandes plataformas digitales generadoras de discursos. Por su parte, Nicolás Arnicho considera que las redes tienen más fuerza que la música; son las redes las que terminan influenciando, ya no el arte por sí sólo. Esto lo sintoniza con la visión de Manuel Castells sobre el poder de las redes. Con respecto a esto, Sergio Fernández haya que las redes lo que permiten en el arte es una relación simétrica entre los artistas de países antes contrapuestos entre dominantes y dominados. Pero aunque Castells considere que la mente humana hoy se vuelve una fuerza productiva directa, el arte pudiéndose estar volviendo más que nunca un proceso colectivo de producción, éste ignora o pasa por alto la polaridad intrínseca que está en la base de la lógica capitalista: en términos de Paul Baram, las redes que el capitalismo fomenta indirectamente son las redes centralizadas. Como veremos más adelante, hoy es posible generar un contrapoder hacia esta centralización, y, en el ámbito del arte, la institución mercado que centraliza la producción y el consumo del arte podría conocer un contrapoder desde la periferia.

Los entrevistados al ser cuestionados sobre las diferencias que percibían en el arte uruguayo hoy en día en comparación con el pasado mostraron su postura al respecto coincidiendo en una pérdida de la memoria histórica así como en una fusión de las identidades a escala global. Pedro Peralta  considera que muchos artistas se han rendido a la contemporaneidad y que el arte uruguayo ha perdido consecutividad histórica, así como Fernando Oliveri que haya que en Uruguay ya no hay una política seria en cuanto a la historia del arte. Nicolás Arnicho haya que los jóvenes hoy pierden la noción de los orígenes del arte que consumen. Por otro lado, Sergio Fernández considera que la identidad de cada uno está muy relacionada con la dimensión del arte de un territorio y que lo que sucede hoy es una mezcla de las identidades a través de la red de territorios muy ajenos entre sí mediante la expresión artística. Agrega que esta identidad producto de la fusión de culturas diferentes ya forma parte de la memoria emocional de los más jóvenes. En concordancia con esto, Vladimir Muhvich halla que la noción de arte uruguayo se está perdiendo  ya que no existe hoy en día un arte conocido por países. Esta fusión de identidades y de la expresión de éstas a través del arte sería impensable sin la existencia de las nuevas tecnologías de la comunicación. Según Atilio Boron, en movimientos sociales como el mayo del 68 francés, se activa una memoria colectiva presente en todos los individuos de una población y que trasciende al tiempo. Es esta memoria emocional colectiva que forma cada identidad de la que habla Sergio Fernández. Pero según Borón, estas manifestaciones no pueden morir en la red; necesitan salir a la calle y hacerse un espacio en ella para lograr así la cristalización de un ideal. Como dice Nicolás Arnicho en su entrevista: “La vida está en la calle”. En contraste con el pensamiento de Domique Wolton sobre las redes sociales como enemigas de la democracia y sus valores, se nos presenta entonces una visión alternativa donde las redes digitales serían las redes neuronales que vincularían ideologías entre sí con el poder de lograr movimientos como los de “Marea Granate“. Las nuevas tecnologías que por un lado generan el encierro de las individualidades en grupos aislados unos de otros según sus intereses, por otro lado permiten la puesta en común de identidades frente a un interés compartido como nunca antes fue posible. Y mientras que las redes digitales poseen hoy la hegemonía como medio de vínculo cuando la masa humana está segmentada, las calles y la expresión de esos intereses compartidos le siguen perteneciendo al arte cuando la masa se manifiesta fuera de la Internet. Según Pedro Peralta, el arte es el medio que sensibiliza a la sociedad humana, y quién es sensible no puede soportar que sometan su libertad.

Según el politólogo Joan Subirats, Internet permite reducir costos y aumentar la extensión, cambiando así el orden social al horizontalizarlo. En el ámbito del arte, Florencia Núñez percibe que es mucho más fácil hoy en día que antes el distribuir la producción artística para un artista ya que hoy se acercan más que nunca el artista y el consumidor. La cadena de producción se ve así invertida. Subirats sostiene que en la nueva era digital hay que repensar el sistema democrático buscando implicar más directamente a la ciudadanía. La información, según este pensador, debe de fluir de abajo hacia arriba en la jerarquía de poder. Se generan hoy comunidades con intereses comunes que tienen la capacidad de generar presión por fuera de lo institucional. El conocimiento ya no es de élite y se rompe con la sectorización del poder en el ámbito educativo. Respecto a esto, Pedro Peralta considera que la autoridad del conocimiento que antes pertenecía a una élite de sabios mayores de edad, hoy está en migración hacia los jóvenes internautas nacidos dentro de la sociedad de la información, y considera que la voz de estos jóvenes de la nueva generación digital será de peso en el futuro próximo. Un ejemplo de esto es el movimiento “Marea Granate” de jóvenes estudiantes españoles obligados a emigrar fuera de España. Subirats, como lo hizo Sergio Fernández en su entrevista, subraya la desterritorialización de la que es testigo el mundo, al comenzar a romperse el nacionalismo institucionalizado y a formarse redes alternativas que se contraponen a los antiguos núcleos institucionales. Considera el politólogo que es tarea del Estado el articular las relaciones entre las instituciones y estos nuevos grupos interconectados de acción independiente. Se rompe así la intermediación en el acceso al arte gracias al código abierto existente en Internet, y como plantea Florencia Núñez, las instituciones que antes mediaban el acceso al consumo y al aprendizaje de las diferentes artes hoy deben modificar sus estrategias de supervivencia. Según Pedro Peralta, estas estrategias de supervivencia hacen que las instituciones cambien con respecto al pasado y estén hoy más confundidas con el mercado, funcionando así según sus leyes. Vladimir Muhvich considera que las instituciones del arte como ser institutos de formación, galerías de arte, discografías o museos, son un registro de lo que pasa en la sociedad y de los filtros que esta misma impone a lo que considera arte. Por su lado, Sergio Fernández considera las instituciones educativas como cristalizadoras de la búsqueda del estudiante de su identidad como ser humano y como artista. Igualmente, Carlos también considera importantes a las instituciones como formadoras de los individuos, pero también considera importante el saber desvincularse de ellas.

La politóloga Elinor Ostrom hace incapié en la importancia de un compromiso comunal en la administración de los bienes comunes, considerando que si perjudicamos los recursos que son compartidos, nos perjudicamos a nosotros mismos. Lo mismo opina el artista Fernando Oliveri al pensar en los derechos de autor como un derecho de bien común que busca la protección del derecho personal a través de la protección del derecho del otro sobre la propiedad intelectual. La hiperconectividad en la era digital ha traido a la luz este debate sobre los derechos de autor, la legislación analógica no logrando alcanzar a un mundo digital donde, inevitablemente, todo se comparte. Con respecto a esta cuestión, la mayoría de artistas considera que tiene que haber remuneración o por lo menos reconocimiento sobre la producción artística de cada artista, ya que la propiedad intelectual no deja de ser propiedad (Florencia Núñez). Por otro lado, Vladimir Muhvich considera que el producir información genera más información, por lo que considera el colectivizar el conocimiento como un aspecto positivo de la nueva sociedad de la información, siempre y cuando cada cual tenga derecho a ser reconocido por la información que produce. Pedro Peralta por su parte considera que el derecho de autor pende de la lógica del sistema capitalista. En un mundo cada vez más interconectado comienzan así a hacerse latentes las contradicciones de un sistema que parece ser necesario repensar.

 Según Derrick De Kerckhove, las nuevas tecnologías se integran a las antiguas generando la virtualización del pensamiento y la digitalización de la identidad. Hoy todos los medios convergen en los nuevos celulares smartphone, cristalizando lo que Harold Innis consideraba la disolución de la ruptura entre el espacio y el tiempo. Los artistas entrevistados manifiestaron al ser cuestionados sus inquietudes respecto a los riesgos que consideran conllevan las nuevas tecnologías de la comunicación y la era digital. Vladimir Muhvich considera que con la reproducción a gran escala que permite la era digital, se comienza a perder el oficio de hacer una acción, poniendo como ejemplo la fotografía digital que hace perder a quién busca tomar una foto el tiempo de contemplación previo a hacer la toma. Sergio Fernández por su lado ve con positivismo la fidelidad de registro de sonido que poseen los aparatos digitales, ya que esta fidelidad impulsa a los artistas a perfeccionarse y ser más exigente con ellos mismos, pero por otro lado considera que se corre un riesgo al tercerizar las capacidades sensitivas del ser humano; el depender de aparatos digitales para afinar un instrumento impide el desarrollo del propio sentido de la escucha. Considera así mismo que las nuevas facilidades de producción artística generan una superproducción que muchas veces vulgariza las ideas. Esto nos envía al pensamiento de Eric Sadin sobre el “Internet de las cosas”, corriéndose hoy el riesgo de que los algoritmos tomen el poder sobre las decisiones propias de los seres humanos.  Florencia Núñez se muestra partidaria del pensamiento de Marshall McLuhan al considerar que la revolución digital es una revolución que se produce también en la gente, ya que los seres humanos evolucionamos en conjunto con nuestras herramientas. Gracias a las nuevas tecnologías, los más jóvenes hoy piensan hipertextualmente, ya no de forma lineal. Pero las redes dan la sensación de una realidad inmediatizada, cuando en realidad esta ilusión está mediatizada según el punto de vista de quién sostiene el medio. Según Carlos Sánchez, Internet fomenta un consumo pasivo del arte, medio de transmisión de valores universalmente válidos desde los orígenes de la cultura, y el arte es algo a ser interpretado activamente. Tanto Florencia Núñez, como Sergio Fernández y Nicolás Arnicho consideran de importancia el desarrollar consciencia crítica en los más jóvenes y disciplinar la utilización de los medios tecnológicos, para no volverse un mismo cuerpo con la técnica. El contacto humano es visto por estos artistas como algo esencial en toda formación. El espacio vivencial por fuera de la red digital es considerado fundamental para la generación de individuos responsables con la comunidad humana del futuro. Según Sergio Fernández, un proceso de aprendizaje precisa de un tiempo de aprendizaje, y la inmediatez en la que nos instauran los nuevos medios perjudica la formación artística. Por su parte, Pedro Peralta considera que la sensibilidad de la especie humana se encuentra en riesgo en un mundo que se vive a distancia y de forma abstracta. Así como Nicolás Arnicho considera importante la conciencia sobre los orígenes del arte que consumimos, podríamos preguntarnos si la retribalización de la sociedad humana en la que considera McLuhan que hoy estamos significa también una vuelta hacia la importancia de los símbolos como medios de transmisión de valores democráticos, así como de la importancia de su memorización colectiva; o si más bien en la inmediatez de la era digital corremos el riesgo de diluir la memoria colectiva así como los símbolos históricamente a ella asociados. Pedro Peralta considera que la democracia unida a las nuevas tecnologías de la comunicación permiten sí una mayor participación social y un mayor acceso al consumo y a la producción de arte, pero también considera, como Sergio Fernández, que los contenidos sensibles y realmente informativos se diluyen en una superproducción que termina siendo controlada por las leyes del mercado. La democracia de la era digital, según Peralta, también daría cabida a la libre difusión de ideas completamente contrarias a los valores democráticos. Teniendo en cuenta al arte como principal vehículo transmisor de la historia de nuestra humanidad y de los valores éticos y morales que están en los cimientos de la misma, cabría preguntarse entonces también si la era digital hace necesaria en el futuro próximo una implementación de políticas de responsabilidad sobre el arte difundido que se encuentren alejadas de la lógica del mercado y se acerquen lo más posible a un interés de patrimonio colectivo.

Bruno Gariazzo

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